La Columna de FOZ

Así como es importante legislar mejor en el Perú sobre el financiamiento de las campañas políticas, dicho tema constituye también una preocupación central en EEUU, donde en las campañas del 2012 ㅡpresidencial y congresalㅡ se gastó el elevado monto de US$7,000 millones, el triple de lo gastado tan sólo cuatro años antes.

En el 2010, la Corte Suprema de EEUU falló que “una prohibición del gasto corporativo independiente constituye una limitación al derecho de expresión”, permitiendo así la creación de los Super PACs ㅡcomités de acción políticaㅡ que pueden levantar recursos ilimitados para defender sus posiciones. En un sentido contrario, la Corte Suprema de Canadá había establecido en el 2004 que “los individuos deben tener la misma oportunidad para participar en un proceso electoral, y si quienes cuentan con más recursos monopolizan el discurso, sus oponentes quedan restringidos en la posibilidad de hablar y ser escuchados”. Por ejemplo, en Canadá, la ley permite a los partidos gastar hasta C$25 millones en los primeros 37 días de campaña, más C$685,185 por cada día adicional.

Para algunos analistas, Donald Trump y la proliferación de precandidatos republicanos ha sido una consecuencia de permitir, con los Super PAC, un gasto ilimitado. Como consecuencia de ello, muchos billonarios han apostado a tener un candidato a su medida. Según The New York Times, 130 familias y sus negocios recaudan más de la mitad de lo que gastan los candidatos republicanos. La concentración no es menor en el Partido Demócrata.

Larry Lessing, un gurú de Harvard, ha iniciado una cruzada cívica: se ha lanzado de candidato con un programa de gobierno de un solo punto: limpiar la política de EEUU de la corrupción del dinero.

Comentando en The Guardian este desarrollo, el historiador Timothy Garton Ash recordaba a Winston Churchill, quien dijo que “los norteamericanos siempre terminaban haciendo lo correcto, pero sólo después de haber probado todo lo demás”.

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