La Columna de FOZ

De Princeton, Dani Rodrik ha regresado a la Escuela de Gobierno de Harvard. Nacido en Estambul, en una familia sefardí judía, Rodrik acaba de publicar Economic Rules: Why Economics Works, When It Fails, and How to Tell the Difference, una firme defensa de cuán valiosa es la economía como herramienta para mejorar el mundo, siempre y cuando los economistas abandonen teorías presuntamente universales y se concentren en estudiar bien el contexto específico en el que actúan.

El mensaje principal del autor es que la economía comprende un conjunto múltiple de modelos que ayudan a interpretar el mundo y que las fallas (algunas muy graves) resultan de cuando se confunde ‘un modelo’ con ‘el modelo’. La disciplina no avanza como ciencia en función de grandes teorías universales sino por la acumulación de modelos diversos que explican más o menos bien fenómenos concretos en condiciones determinadas.

En varios capítulos, que se remontan a Adam Smith y que pasan revista a los desafíos recientes de la globalización, el autor explica cómo diversas situaciones han requerido modelos distintos. Cada uno de ellos provee una historia parcial de cómo funciona el mundo. Incluso estas historias pueden, como los cuentos para niños, ofrecer lecciones contradictorias.

El verdadero desafío consiste en escoger bien, para cada caso, el modelo que mejor se aplica a las circunstancias determinadas. Uno puede estar refiriéndose a la desigualdad, al libre comercio, o a la eficacia en el gasto público. Para enfrentarlo bien, se requieren dos cosas: apertura mental e investigación empírica. Por ello -reconoce Rodrik- la economía tiene, en este aspecto, más de arte que de ciencia. “Los economistas fieles a su disciplina -afirma- deben ser necesariamente humildes”.

La difícil combinación de ciencia y arte se vuelve más compleja aun con el entrelazado entre lo que se conoce como economía positiva y economía normativa, lo que efectivamente es y lo que uno pretende que sea.

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