La Columna de FOZ

Homo Deus

10 noviembre, 2016 · en La Columna de FOZ

En Sapiens, su anterior libro, Yuval Noah Harari revisa la historia de miles de años para sugerir que nuestra especie usó la conciencia y las ficciones colectivas (como los dioses y el dinero) para conquistar el planeta. En Homo Deus, su libro más reciente, alerta de lo que podría generarse del choque de estos antiguos mitos con tecnologías tan potentes como la inteligencia artificial y la ingeniería genética. Hay posibilidades aterradoras.

Según Harari, la naturaleza humana va a cambiar esencialmente en el siglo XXI porque la inteligencia se desacoplará de la conciencia. Las máquinas inteligentes carecen de sentimientos y muchas incluyen redes de procesamiento de big data que les permitirían percibir e identificar los sentimientos de aquellos humanos con los que interactúan mejor que ellos mismos. Google –el algoritmo, no la empresa– carece de creencias y deseos, pero procesa exponencialmente el comportamiento registrado de sus usuarios para identificar con facilidad lo que ellos irán a desear, sentir y buscar en el futuro. Este solo hecho tiene el potencial de cambiar radicalmente el significado mismo de lo que entendemos por ser humano.

Para Harari, la edad moderna, como las previas, se construyó sobre una ficción. En este caso, la creencia en que los individuos, educados y libres, contarían con los conocimientos para consumir racionalmente en mercados y votar con autonomía en elecciones. ¿No estaría ya por concluir esta etapa de tres siglos? ¿No estarán las máquinas inteligentes procesando ya el conjunto de nuestras ideas de sentido y significado, para determinar a partir de ellas lo que vamos a hacer en el futuro?

Aunque estaríamos recién al inicio de esta transformación, Harari no es optimista sobre lo que se puede hacer para influir en ella. El cambio resulta tan radical que es imposible imaginarlo. A la élite educada de 1800 no le era tan difícil vislumbrar, con algo de imaginación, cómo sería el mundo cien años después. Pero el mundo del 2100 resulta hoy casi imposible de vislumbrar. Puede estarse configurando un mundo en el cual muchos carecerán de espacio. ¿Y eso cómo podría procesarse? El autor cree que el poder de los individuos –tan celebrado por el liberalismo– resultaría finalmente muy limitado. Plantea que el poder real ya está en las redes y que el dataísmo va a convertirse en una nueva religión. Un individuo terminaría valiendo en función de cuánto contribuye finalmente a este macroprocesamiento de datos. Con ello obtendría más rápido y barato los bienes y servicios, podría vivir mejor y por más años; aspirar incluso a la inmortalidad, un mito de esta nueva religión. Los individuos –afirma Harari–corren el riesgo de desintegrarse y diluirse en redes que serían dominadas por una nueva y reducida casta sacerdotal. Tal futuro podría parecerse a una versión recargada del pasado: el Egipto de los faraones –grandes creadores de mitos– multiplicado por el poder de Facebook.

Harari define como religión al conjunto de normas para la conducta humana garantizado por una autoridad excepcional. Es una definición amplia que incluye a las ideologías. ¿Puede el hombre vivir sin religión, sin mitos?

El autor postula que probablemente no, que un colectivo humano sin la potencia de la ficción podría quedar inerme frente a cualquier otro que se invente un dogma con el que sus creyentes puedan reconocerse y cohesionarse. Ya les pasó a los neandertales, que, a diferencia de los sapiens, no supieron crear mitos

EN SUMA. La importancia de los mitos en la historia de la humanidad no declinará por la tecnología, sino que eventualmente se confrontará con ella, o bien se complementarán, sostiene Yuval Noah Harari.

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