La Columna de FOZ

Michael Green ofreció hace meses un TED-Talk ilustrativo sobre el Índice de Progreso Social. Recuerda cómo el PBI fue un concepto introducido por Simon Kuznets en un informe al Congreso de EEUU titulado Ingreso nacional 1929-1932, que, en su página 7, advertía: “el bienestar de una nación difícilmente puede inferirse del ingreso nacional como éste se describe”.

A pesar de ello, el PBI reinó, a partir de entonces, como el indicador económico fundamental. Tiene algunas obvias deficiencias: ignora el medio ambiente, da un mismo valor a una universidad que a una prisión y no registra el contexto institucional ni el sentido de justicia.

En el IPS recientemente estimado, el progreso social se define como “la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos, para establecer los pilares que permitan a sus individuos y comunidades ampliar y sostener la calidad de sus vidas, y para crear las condiciones para que todos los individuos puedan alcanzar su pleno potencial”.

Cuando se compara el PBI per cápita de un país con su índice IPS (que es sobre un óptimo de 100), resulta que, para un rango de hasta más o menos US$7,500, el PBI per cápita sí constituye un muy buen indicador de su índice IPS. A partir de entonces, sin embargo, la correlación entre los indicadores es menor. Por ejemplo, el país con mejor IPS (88%) es Nueva Zelanda, aunque su PBI per cápita sea inferior al de los países más ricos.

El Perú, con un PBI per cápita de US$6,500, tiene un IPS de 66%. China e Irak, por ejemplo, tienen un PBI per cápita ligeramente mayor, pero aún un IPS menor. Ecuador y Serbia tienen un PBI per cápita ligeramente menor, pero un IPS ligeramente mayor.

La conveniencia de no sólo usar el PBI sino también otros índices de bienestar como el IPS radica en que hay países -por ejemplo, Turquía y Líbano- cuyo PBI per cápita es 50% superior al peruano, pero cuyos IPS son ligeramente inferiores. Sólo crecer no resulta suficiente.

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