La Columna de FOZ

Kate Raworth, una economista iconoclasta de la Universidad de Oxford, es la autora del libro Doughnut Economics: Seven Ways to Think Like a 21 st-Century Economist. Cita en él a Simon Kusznets, quien al estandarizar el PBI como métrica del crecimiento advirtió que “el bienestar de una nación difícilmente puede inferirse midiendo su ingreso nacional”.

Raworth critica la teoría económica del siglo XX por su pérdida de interés en la articulación y balance de objetivos múltiples. De allí que el crecimiento del PBI se haya convertido en el indicador esencial para medir el desempeño cualquier economía.

Más allá de las clásicas curvas de oferta y demanda, la imagen más usual en los textos económicos tradicionales suele ser un diagrama de flujo circular que interrelaciona los ingresos y gastos de los hogares, las empresas, el sistema financiero, el gobierno y el comercio exterior; pero sin darle suficiente atención al contexto ecológico y social; ni, por ejemplo, a temas como el trabajo doméstico o voluntario de las personas.

La economía resulta finalmente un sistema adaptativo bastante complejo. No es muy adecuado representarla solamente como una dinámica de mercados en equilibrio.

Para graficar el mundo ideal al que podría aspirarse, Raworth introduce la imagen gráfica del dónut (dona o rosquilla en España). De los dos círculos concéntricos que lo conforman, el interior marcaría el límite de los recursos requeridos para acceder a una vida mínima: comida suficiente, agua potable, vivienda, sanidad, energía, educación, cuidado de la salud y democracia.

Quienes resulten atrapados en el hueco interno del dónut son quienes carecen de lo mínimo para una vida digna. De otra parte, el círculo externo del dónut marcaría los límites ecológicos del planeta, tal como son percibidos hoy en términos de sus riesgos ya comprobados: cambio climático, contaminación ambiental, pérdida de biodiversidad, etc. Por cierto, la tecnología resulta una fuerza creativa y dinámica que puede extender continuamente dicho límite, y convertir así al dónut en uno más abundante y fructífero.

El interior del dónut –su real contenido– constituiría el espacio ecológicamente seguro y socialmente justo y estable dentro del cual la humanidad podría aspirar a vivir. Según Raworth, la economía como ciencia social debería tener como objetivo ayudar a las personas a integrarse a dicho espacio y a permanecer en él.

Actualmente ambos límites resultan trasgredidos. A escala planetaria, son aún miles de millones los que viven en el hueco del medio; y hay indicadores preocupantes que confirmarían el rebalse de algunos límites externos. Por ello, es conveniente que en el futuro se reformulen algunas reglas de los mercados, la política tributaria y la inversión pública, para que fomenten la conservación y regeneración de aquellos recursos que resulten críticos.

Sin ajustes de este tipo, y en la ausencia de una métrica alternativa para medir los avances en tal sentido, hay el riesgo eventual de celebrar un crecimiento cuando éste podría estar encubriendo algunas fallas.

El libro está escrito con una prosa a la vez erudita y divertida. Trata más sobre economía normativa –la que debería ser– que sobre la que efectivamente es.

No resulta muy original en términos de principios o nuevas propuestas de políticas públicas. Pero la imagen del dónut sí resulta una muy simple e integradora metáfora, lo que la vuelve muy potente para facilitar un entendimiento más articulado de lo complejo que es la economía.

Lo anterior constituye una elocuente comprobación adicional de que una buena imagen vale por mil palabras.

Comments are closed.