La Columna de FOZ

¿De dónde se alimentan las personas de los sucesos y las opiniones? Aunque son pocos los que han dejado de usar los canales tradicionales, las fuentes digitales tienen una participación cada vez más creciente: tal o cual blog, mensajes de Twitter, historias circuladas por amigos.

En su libro Friends, Followers and the Future, Rory O¨Connor se muestra optimista del cambio, aunque señala algunos aspectos preocupantes. Las redes digitales dan acceso en tiempo real a mucho más data, pero buena parte de ella carece de edición y de verificación. Así, cada minuto se suben a YouTube sesenta horas de video.

En 1970 Gallup afirma que en EEUU el 70% de la población confiaba en la prensa y la TV. Tal indicador ha disminuido a 45%. No es claro si esa tendencia constituye una causa o una consecuencia de que muchos prefieran hoy el Twitter o lo que opinen sus respectivos amigos en Facebook para formarse una opinión. En 1985 dos de cada tres norteamericanos identificaban el nombre de un periodista cuya opinión valoraban especialmente; hoy la mayoría se muestra incapaz de señalar a alguno. Es que las fuentes, algunas de muy dudosa credibilidad, se han multiplicado exponencialmente.

Al autor le preocupa el aislamiento mental que puede generar el que la mayor parte de la información y de las noticias se obtenga de amigos y personas similares a uno. ¿Podría ello aislar las mentes de perspectivas distintas o del reconocimiento de verdades incómodas? Tal vez no; hay también investigación que sugiere que las redes sociales despiertan la curiosidad por temas novedosos y por otros puntos de vista.

En todo caso, lo evidente es que las redes digitales tienen hoy el potencial para desafiar la influencia y el poder relativo de la prensa tradicional y de los gobiernos. Sus iniciativas pueden, sin mayor edición y carentes de autocensura, atraer audiencias masivas e influir en el alza y la caída de marcas comerciales o institucionales, y de empresas y políticos.

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