La Columna de FOZ

Así como ya existe un  software  para que los analistas puedan rápidamente identificar las palabras más repetidas en cualquier texto o discurso, el  big data  permite precisar las palabras cuyo uso aumenta o disminuye más en los libros y artículos diversos que se publican en cualquier época, lo que termina ofreciendo una expresión objetiva no sólo de los usos y las modas, sino también de las  necesidades más relevantes y los valores preferidos en cada década. En un artículo reciente en el NYT, por ejemplo, Thomas Friedman pronostica la próxima obsolescencia futura de cuatro términos:  privacidad, local, promedio y después.

Como ya es posible grabar, filmar o fotografiar, con un aparato que puede pasar desapercibido, a cualquier persona en cualquier lugar; y compartir dicha información, sin edición alguna, con el mundo entero; la ‘privacidad’    se ha reducido a un mínimo o se ha convertido en un bien muy exclusivo. Cualquiera resulta un  paparazzi  con un celular; cualquier dueño de una cuenta Twitter es un reportero; y basta un video en YouTube para convertir a un anónimo en un cineasta.

Y resulta cada vez más fácil compartir este tipo de información con cualquiera en el mundo. Hasta no hace muchos años, era común referirse a la dicotomía ‘local’-global, porque se suponía que ella tenía límites precisos. Hoy todo lo interesante puede volverse global casi instantáneamente.

En varios de sus artículos y libros, Friedman ha enfatizado por qué el ‘promedio’  como concepto ha perdido valor relativo. En el campo de la producción, todos los que participan en un mercado deben aspirar a identificar un valor agregado especial y a reinventarse, si quieren avanzar en un trabajo que no pueda finalmente digitalizarse o robotizarse. Ya las cualidades del profesional promedio sirven de poco.

El ‘después’  también constituye un término propio de una época más tranquila en la cual se podía controlar los tiempos. Se usará cada vez menos, como las otras tres.

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